“No tengo ganas de nada” – Depresión

¿Cuántas veces hemos escuchado la expresión “estoy deprimido/a”? Seguramente muchas veces, pero en realidad ¿es depresión lo que tenemos?

Depresion

Las personas experimentamos durante toda nuestra vida experiencias buenas como, por ejemplo: encontrar un trabajo que nos gusta, el nacimiento de un hijo/a o encontrar a una persona con la que compartir estas vivencias. Sin embargo, también existen experiencias malas como la pérdida de un ser querido, ya sea por fallecimiento o por haberse ido a otro lugar, e incluso el ser despedido de nuestro trabajo.

Estas experiencias malas pueden provocar en nosotros un estado de ánimo bajo, donde la persona se encuentra triste, desanimada, con desgana y perdida. Esta reacción ante la situación desagradable es un proceso normal y adaptativo que toda persona debe pasar para poder afrontar con fuerza el futuro. Sin embargo, si la persona se queda estancada durante mucho tiempo en este estado de ánimo y no consigue avanzar puede acabar sufriendo más de lo debido y comenzar, sin quererlo, un estado de ánimo depresivo.

¿Qué es la depresión?

La depresión es un trastorno del estado de ánimo que se caracteriza por un bajo estado de ánimo que afecta a todas las áreas de la vida de la persona, como es el área personal, familiar, laboral y social. Puede afectar tanto a niños como a adultos, aunque existen diferencias entre su sintomatología.

Los síntomas de la depresión más comunes son:

  • Estado de ánimo deprimido la mayor parte del día, con tristeza, llanto, pensamientos negativos de uno mismo o sensible ante comentarios triviales.
  • Disminución del interés por actividades que antes se disfrutaban.
  • Perdida o aumento importante de peso.
  • Padecer insomnio o por lo contrario estar excesivamente somnoliento la mayor parte del día.
  • Perdida de energía o fatiga.
  • Sentimientos de inutilidad o culpabilidad excesiva o inapropiada.
  • Pensamientos sobre la muerte o miedo a morir.

¿Cuál es su tratamiento?

Antes de realizar el tratamiento, se debería evaluar cuál es el grado de afectación de la persona que está padeciendo los síntomas. Así, aseguraríamos cual es el mejor método de intervención y cual se adaptaría de forma óptima a la persona.

En segundo lugar, se intentaría averiguar cuál es el motivo que ha llevado a ese estado de ánimo. Se trabajaría sobre los pensamientos y sentimientos de la persona.

Como en muchas ocasiones las personas que sufren depresión suele tener una baja autoestima, se aplicarían herramientas para aumentarla y desarrollarla. Así como, también trabajar la asertividad y las habilidades sociales.

Por último, se proporcionarían recursos a la persona para que, en un futuro, pudiera prevenir una posible recaída. Siempre potenciando sus habilidades y haciéndoles ver que nosotros somos sus guías, pero ellos son finalmente quienes aplican las herramientas que les proporcionamos.

 

Victoria Montilla Trenco

Psicóloga Clínical, Legal y Forense

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